GÉNESIS
Es habitual escuchar la opinión de que los romanos fueron fervientes
admiradores de la cultura griega y la hicieron suya: arquitectura, escultura,
organización, religión … y también el teatro, convirtiéndose así en meros
copistas de la cultura griega. Quizá éste sea un análisis bastante simplista de
la realidad cultural romana y sería bueno tener una visión panorámica de los
hechos históricos que acabaron con la hegemonía griega y dieron paso al
desarrollo de la influencia del Imperio romano con todo lo que implica en lo
social, económico y cultural.
Por otra parte también no conviene olvidar a los etruscos, que ocupaban el centro de la península itálica que fue ocupada por Roma en su expansión adoptando muchas de sus costumbres.
Los romanos pudieron contemplar a actores llegados de Etruria que danzaban al son de la flauta, sin texto cantado y sin mimar la acción de una obra.
Al añadirse la música vocal, surgieron los histriones –que significa «bailarines» en etrusco–, que mezclaban canto y mimo. Estas representaciones de música, danza y versos burlescos constituían la “saturae” (la sátira).
El propio Tito Livio nos da otra clave en la definitiva conformación del hecho teatral romano en la persona de Livio Andrónico, que dominaba el arte de los histriones, sustituyó, en el año 240 a. de c., estos popurrís por una obra de teatro a la manera griega. Vista la aceptación de su atrevimiento, ya no dejó de traducir al latín las obras del teatro griego. Todo ello desde el conocimiento de las dos culturas y del mundillo teatral, en el que hizo de actor, de traductor y de autor.