miércoles, 9 de diciembre de 2020

EL TEATRO EN ROMA I

 GÉNESIS

Es habitual escuchar la opinión de que los romanos fueron fervientes admiradores de la cultura griega y la hicieron suya: arquitectura, escultura, organización, religión … y también el teatro, convirtiéndose así en meros copistas de la cultura griega. Quizá éste sea un análisis bastante simplista de la realidad cultural romana y sería bueno tener una visión panorámica de los hechos históricos que acabaron con la hegemonía griega y dieron paso al desarrollo de la influencia del Imperio romano con todo lo que implica en lo social, económico y cultural.



Esto, evidentemente, no se produce de un día para otro. En 146 a.C. la península griega se convirtió en un protectorado romano y en 146 a.C. las islas del mar Egeo fueron añadidas a este territorio. En 88 a.C. Atenas y otras ciudades griegas se rebelaron, rebelión que fue aplastada por las tropas del general romano Sila. Las guerras civiles romanas devastaron el territorio aún más, hasta que Augusto organizó la península como la provincia de Aquea en 27 a.C.. Es decir durante más de cien años Grecia se estuvo desangrando en sus guerras con Roma hasta su total desaparición como imperio influyente, con el consiguiente declinar de sus usos, costumbres y cultura.


Teniendo en cuenta el eclecticismo del imperio romano que asimilaba los usos y costumbres de las tierras conquistadas adaptándolos a su idiosincrasia, no es de extrañar que adoptara y adaptara ideas y cultura también de esa región.
Por otra parte también no conviene olvidar a los etruscos, que ocupaban el centro de la península itálica que fue ocupada por Roma en su expansión adoptando muchas de sus costumbres.


En los frescos de las tumbas etruscas se han encontrado representaciones de escenas donde la música y la danza ocupan un lugar primordial en los juegos funerarios y en otras celebraciones.
Los romanos pudieron contemplar a actores llegados de Etruria que danzaban al son de la flauta, sin texto cantado y sin mimar la acción de una obra.


Tito Livio sostiene que: “(los romanos) se pusieron a imitarlos lanzándose, además, entre ellos, burlas en versos improvisados. Había concordancia entre sus palabras y sus gestos. Así pues, esta práctica fue adoptada y pasó progresivamente a formar parte de las costumbres.”
Al añadirse la música vocal, surgieron los histriones –que significa «bailarines» en etrusco–, que mezclaban canto y mimo. Estas representaciones de música, danza y versos burlescos constituían la “saturae” (la sátira).

Hoy día, conociendo la evolución histórica del teatro a través de los tiempos, quizá este fenómeno nos recuerde el resurgir del teatro occidental, en la Edad Media, en torno a juglares, trovadores, volatineros …
El propio Tito Livio nos da otra clave en la definitiva conformación del hecho teatral romano en la persona de Livio Andrónico, que dominaba el arte de los histriones, sustituyó, en el año 240 a. de c., estos popurrís por una obra de teatro a la manera griega. Vista la aceptación de su atrevimiento, ya no dejó de traducir al latín las obras del teatro griego. Todo ello desde el conocimiento de las dos culturas y del mundillo teatral, en el que hizo de actor, de traductor y de autor.

Resumiendo: podríamos decir que en los orígenes del teatro romano confluyen dos vías principales, la etrusca y la griega. La mezcla de lo lúdico profano con las celebraciones religiosas. Todo ello llevaría a la conformación de un Teatro Romano con identidad propia.

Algo similar a lo que ocurriría, siglos más tarde, en la Europa medieval, recordemos que los juglares y volatineros de las plazas públicas unidos a las celebraciones religiosas desembocaron en la Commedia dell’arte y ésta, con autores como Molière, retomaron los temas del teatro clásico.


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